Siete años arreglando móviles: lo que la gente buscaba en el chat
Tatiana Goretti · · Fuera del móvil
Siete años arreglando móviles. ¿Sabes qué me pedía la gente? Recuperar conversaciones borradas. Nunca querían la conversación. Querían saber si lo que sintieron fue de verdad.
Esto es lo que aprendí detrás de un mostrador del centro de Málaga, cerca de calle Carretería, antes de dedicarme solo a las cartas.
Cómo llegué ahí
En 2016 entré de dependienta en una tienda pequeña de reparación de móviles. En 2019 ya era la encargada. Antes de eso, a los diecinueve, me habían bloqueado de todas partes, y una amiga me había regalado un Rider medio en broma.
Así que llegué a la tienda sabiendo dos cosas: lo que es esperar un mensaje que no llega, y leer las cartas un poco. Lo que no sabía es que la tienda me iba a enseñar más que las dos.
Lo que traían
La mayoría venía por una pantalla rota o una batería que no aguantaba. Eso se arreglaba.
Pero había otra gente. Y esa gente traía preguntas que no eran técnicas, aunque lo parecían.
- Recuperar conversaciones borradas. Era lo más habitual. Una pelea, un arrebato, un «lo he borrado todo» a las tres de la mañana, y al día siguiente la urgencia de tenerlo de vuelta.
- Saber si te han bloqueado. Si se puede ver, si hay una forma, si una foto de perfil vacía quiere decir eso.
- Desbloquear el móvil de su pareja. Esto me lo pedían más de lo que te imaginas. Y nunca lo hice. Ni una vez.
- Pantallas rotas en una discusión. Un móvil estampado contra el suelo o contra la pared. Se arreglaba la pantalla. Lo otro no.
La chica de la conversación borrada
Una chica vino a que le recuperara una conversación borrada. No quería la conversación: quería saber si había sido de verdad.
Me acuerdo mucho de eso. Porque entendí que lo que la gente buscaba en el chat casi nunca estaba en el chat. Podías devolverle cada mensaje y seguiría sin la respuesta que buscaba.
Por qué nunca desbloqueé un móvil ajeno
Porque sé cómo acaba. Lo vi siete años.
Quien mira el móvil de su pareja casi nunca encuentra la paz que busca. Si no encuentra nada, sigue buscando. Si encuentra algo, ya lo sabía. Y en los dos casos la confianza se ha ido por el camino.
Nadie merece que le mires el móvil, ni tú mirar el de nadie. La confianza que se comprueba ya no es confianza.
Por eso tampoco lo hago ahora con las cartas. No te ayudo a espiar a nadie, ni a saber si está con otra, ni a mirar si está en línea desde otra cuenta. Leo cómo está la cosa entre vosotros, no las pruebas.
Las cartas en la trastienda
Echaba las cartas después de cerrar, en la trastienda, a compañeras y a clientas que volvían. Al principio era casi un juego. Luego empezaron a volver para eso y no para el móvil.
En 2019 cobré la primera. En 2023 dejé la tienda y me puse a hacer solo esto, por teléfono y por WhatsApp, desde mi habitación en El Palo.
Lo que me traje de la tienda
Tres cosas, que son las que uso en cada lectura:
- Lo que pasa en el chat no es todo lo que pasa. Casi nunca es lo importante. Por eso en la tirada de siete cartas hay una posición solo para lo que pasa fuera del móvil.
- Un bloqueo es una respuesta, aunque no sea la que quieres. No hay que descifrarlo; hay que decidir qué haces tú con él.
- Esta semana, una cosa. La gente salía de la tienda con el móvil arreglado y la misma angustia. Yo prefiero que salgas de una lectura con algo que hacer, aunque sea pequeño. Casi nunca es escribirle.
Por qué te lo cuento
Porque cuando me mandas un audio a las tantas contándome que te han dejado en visto, que ha desaparecido o que no sabéis qué sois, entiendo el idioma. No porque sea joven, que lo soy, sino porque lo he visto desde el otro lado del mostrador siete años.
Lo tuyo no está en las capturas. Está en lo que no os estáis diciendo. Eso es lo que leo.
Si quieres preguntarme
Mándame un audio, desordenado, como te salga. Lo ordeno yo. La primera por WhatsApp es gratis, y te contesto con otro audio en unas horas.
Si quieres saber más de mí, → Quién soy. Y si lo tuyo es un bloqueo, → Me ha bloqueado.